Hoy vengo a hablaros de males perrunos, y más concretamente de uno que trae de cabeza, sobre todo, a los dueños de perros de raza grande: la torsión de estómago. Lo dramático de esta emergencia veterinaria en nuestros canes es que no solamente es bastante frecuente, sino que además disponemos de muy poco tiempo para hacerle frente ( el desenlace es fatal en un intervalo entre 2 y 4 horas tras la torsión), como de lo desapercibidos que pasan los síntomas para los dueños del perro enfermo.
Pero, para empezar por el principio, ¿qué es la torsión de estómago y cómo se produce? Pues es una enfermedad que normalmente padecen los perros de raza grande o gigante de complexión delgada, como los dogos alemanes, San Bernardos, galgos, etc. Esto no significa que no puedan padecerla los perros de razas pequeñas o medianas, solo que simplemente, dada su constitución, son menos propensos a ella. Y es que las razas grandes tienen unos ligamentos más débiles en la cavidad visceral, de manera que el estómago queda colgante, o "con más juego" (por así decir) que el resto de perros.
El riesgo de paecer una torsión estomacal aumenta cuando se alimenta a un animal excesivamente agitado o excitado, como por ejemplo, justo después de haber realizado ejericicio intenso. En estas circunstancias el animal come compulsivamente, produciendo un incremento excesivo del volumen estomacal, que de esta forma va a perder la capacidad para contraerse normalmente. Además, la "hinchazón" desmesurada del estómago provocará la compresión del hígado, que se desplaza y comprime la vena cava caudal alterando la circulación sanguínea. El perro tiende entonces a tragar aire, haciendo que el estómago se hinche aún más. De no recuperarse de la parálisis (que en este punto) es posible mediante la emisión del aire en forma de eructos), el estómago acaba girando sobre sí mismo y obstruyéndose completamente, en este momento la única salida es la intervención quirúrgica, que de no producirse o producirse demasiado tarde, tendrá consecuencias fatales.
Ahora bien, ¿qué síntomas presenta un perro en plena torsión? En al mayoría de los casos, estos pasan desapercibidos y, para cuando queremos darnos cuenta, ya es demasiado tarde. Por eso, como una imagen vale más que mil palabras, navegando por la web el otro día me encontré un vídeo de un perro Akita en pleno proceso de torsión. Los dueños observaron algo raro en su comportamiento y decidieron grabarlo antes de llevarlo al veterinario, y gracias a ello pueden ayudar a otros muchos dueños de animales a detectar a tiempo esta enfermedad. Por cierto, según cuenta en el vídeo, el perro se salvó.
Para resumir, un perro sufriendo esta dolencia presentará los siguientes síntomas:
- Agitación. El animal no para de moverse.
- El rabo y la cabeza permanecen caídos.
- Incapacidad para sentarse.
- Intentos de vomitar, aunque sólo emite una saliva blanca y densa.
- Eructos o intentos de eructar.
- Espasmos abdominales.
- El abdomen se tensa, se hincha y endurece. Al tocarlo duele y se queja.
- Entrada en coma irreversible tras 2 o 3 horas del inicio de los síntomas.
Como véis no es una broma. Ante los primeros síntomas se hace imperativa la visita de urgencia al veterinario, ya que de ser detectado a tiempo (antes de que se produzca la torsión propiamente dicha) puede tratarse mediante lavado de estómago. Una vez pasado ese punto de inflexión sólo queda la operación. Pero como siempre digo, es mejor no llegar nunca a este punto y lo mejor es prevenir esa visita forzosa al veterinario, para ello:
- No alimentar a los perros que se encuentren excitados por cualquier motivo, ni tras haber hecho ejercicio intenso.
- Alimentar con cantidades pequeñas de comida repartiéndolas en al menos dos comidas al día.
- Dejar pasar un tiempo prudencial (una o dos horas) tras o antes de realizar ejercicio, sobre todo antes del ejercicio.
- Evitar, en lo posible, que el animal "engulla" la comida.
- Emplear soportes para comederos para perros de talla grande, elevados del suelo, para evitar forzar la postura a la hora de comer.
De seguir todos estos pasos y siendo conscientes de los riesgos y síntomas de nuestros perros, evitaremos en gran medida tanto el sufrimiento (y eventualmente la muerte) de nuestra mascota y a nosotros el disgusto y una enorme factura del veterinario.

